5 de octubre de 2010

Lagaña, que me hicistes mal!

Quería compartir con todos ustedes, fantasmas invisibles, la compleja situación en la que me encontré esta mañana, y la reflexión a la que dicha situación me hizo orillar.
Anoche me dormí y me soñé. No sé por qué se le dice "pesadilla" a la mal soñada aventura del dormir, pero a mi me suena a snack mexicano, así que no discrimino y a todo lo soñado le digo igual, por lo que a esta aventura también la llamaré sueño. Los mismos derechos con el mismo nombre, viejo!
Y soñé en mi sueño que estaba en una fiesta (no fiesta de excesos. Fiesta linda, comida, bebida, risas, entretenimientos varios, cuerpos esbeltos y gente exitosa pululando la mesa de los postres) en algún lugar paquete de la provincia de Buenos Aires que mi Dream GpS no supo precisar. Rodeado de gentes lindas, tratando, por qué no decirlo, en el sueño todo vale, de pispear algún culín, transcurría el soñado festejo plácidamente.
De golpe y porrazo se vino la acción revolucionaria. Bajaron los muchachos de los montes a peticionar por el precio del abl, todas las masturbandas del 3er cordón, y varios ex mánagers de fenecidas estrellas de la escena tropical y esssplotó todo, Marce. Rodearon la casa, y entraron a tirar cohetes y tiros convirtiendo el evento re top en un carnaval carcelario. En resumidas cuentas, una situación sensible. Al tiempo que se arrojaba a mis brazos un gativideo de lo más coqueto (cámara lenta, bamboleo pectoral, una escena wet dream bien noventera), los psicobolches arrojaron una bomba real (pero soñada). La bomba termino rompiendo todos los vidrios y yo quedé al resguardo de una pared de un metro de ancho, lindada por dos ventanas, por donde los terroristas proferían amenazas de muerte. No me acuerdo que quería la gente fea y mala de nosotros, los buenos y lindos (qué fácil es pertenecer con cierta gente, eh), pero la cosa se puso tioca de posta, o sea, me hago el choma tipeandola en una oficina pero la estaba pasando mal. Tan mal la estaba pasando que me desperté.
Ahora, despierto, el reloj dice que debo levantarme prontamente y encarar un día más de trabajo y relación humana. Cierro los ojos y trato de volver a la quinta, al frente, al caos... que me maten estos montos! Que me maten!

Sembrando terror subconsciente!

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