4 de mayo de 2011

De la ridiculez de creerse único en el mundo

Te llamo para pedirte una milanga con fritas y me pedís mi nombre, mi teléfono, mi calle, mi numero, mi piso, mi código postal, mi número de dni, mi estado civil, mi factor sanguíneo, mi orientación sexual, mi opinión sobre christian u, mi orientación política, qué huevo me cuelga más bajo, cuándo fue la última vez que la puse y cómo le dejé el tajo a la vieja después de usárselo de ruta hacia la vida, digamos. Está todo bien, hay que preguntar, pregunten. Ahora, te anotás todo eso y no te anotás que el sámbuche te lo pedí SIN bayonesa, la re concha bien de tu mamá!? Son una manga de hijos de re mil trabajadoras de la noche, son!
Pero eso no es lo que motiva el descargo del día de fecha que hoy, siendo el día de la fecha, estamos descargando. Los tipos te piden toda la data toda, haciendo evidente el hecho de que uno, en realidad, es un numerito más entre los miles y miles de numeritos que diariamente mitigan el picor bagrital que los acosa por medio del llamado en pos de la susodicha milanga. Ahora, mencho, después de toda esa requisitoria identificacional me venís, me tocás el timbre y me decís que sos "el pedido" así nomás, a secas, como si fueras el único pelotudo en moto que lleva cosas que le han pedido adonde le han pedido que la lleven!? Yo soy uno de miles y vos sos el único maestro que lleva pedidos? Sos el one an only milanga maker? No! ¿¡De dónde carajo venís, quién te manda, qué traes, de qué cuadro sos, en qué condiciones se encuentra la renegrida concha de tu puta vieja!? Es un toma y daca esto, samigos! Hagamosnón cargo, hagámosnon! Y la próxima vez que me embadurnes la mila con bayonesa te la voy a hacer comer por el orto, hijo de dio!

ODIO LA BAYONESSSA!

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