7 de junio de 2011

Chachararanchararanchararara

Habla la gente. Por todos los wines llegan los modismos y rebotan los muequequeques, donde todo es cosita, diminutivo, y de pulular los sorry, patrullar el ajo y agua y esquivar el obvio, boló terminás apelmasado en lacónchamia, querido! Hay que poner los huevos en agua caliente! Y son puertitas petisas las que uno abre para colocar su existencia contracturada abajo de un aire acondicionado, donde el eco de la risotada hienística de algún mamarracho mal llevado te parte al medio y de repente se acabó el partido. Así no hay verga que aguante, conchamía!
Ayer nomás me quise matar.
Y qué hiciste?
Me pareció mejor empezar a hablar pelotudeces.
Uh... y?
Y los pies son cosas raras. Nadie termina de entender sus pies. Siempre mirándolos desde lejos, a través de vaca muerta, con quesito entre las puntas, entrando por la nariz de algún vecino mal traído que de pronto entiende lo insalubre de intentar hablar. Este no era el lugar. Conozco gente, varios en realidad, pero ahora pienso en uno en particular, que puede pasar de una posición enteramente vertical, mediante un movimiento de agachamiento, a tocar la punta del calzado que en ese momento llevase, o, en su defecto, las uñas de los dedos de sus pies desnudos. Y tampoco se entiende los pies ese pibe...

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