28 de junio de 2012

Algunas cosas en la vida hay que hacerlas bien o no hacerlas. Si se hacen de muy bien para abajo dejan la sensación que dejan los más patéticos, contundentes y solitarios fracasos. Es que son tareas comunes, cotidianas, al alcance del más ordinario de los mortales y, aunque en el reconto del debe y el haber de la vida no merezcan, por su intrascendencia, mención en columna alguna, el universo de factores que inciden en su realización cae dentro de la esfera de nuestro control, es decir, salvo excepciones, todo depende de nosotros. En consecuencia, su resultado habla solo de eso, de nosotros. Para mi, las que importan en serio son dos: el cafe instantaneo y la paja.
Buenas noches.