10 de mayo de 2011
Extremidades dormidas, pánico, tos convulsa...
Arranqué con los dientes el borde de un prime texturado. A mi lado, un cuerpo tibio emitía un ronquido, aunque leve, de claras referencias porcinas. Abrí el paquete de par en par, quedando un pequeño mantel de plástico rojo. En mi mano quedaba un paquete negro, sin marca, donde se leía 0.5mm. ;0.4mm. ;0.1mm y en cuyo interior había forros de diversos anchos. Los saqué del envoltorio, hice con el paquete negro lo mismo que con el de los texturados, junté los 4 profilácticos en un bollo, los coloqué en el envoltorio abierto de los texturados, abrí con los dientes un lubricante, vertí el contenido sobre los forros, aplaste todo con el envoltorio negro y lo guardé en una cartera rosa que yacía al lado del colchón.
Por un pasillo oscuro se aleja como un gato, desnuda y en cuatro patas. Se oye la voz en off de quien, luego sabría, era su novio y mi compadre - Te vas a portar bien, gatita? - a lo que ella responde, también en off - sabés que sí, mi amor. Su marcha felina, de pasos largos y lánguidos, se detiene en la penumbra violácea de una habitación deshabitada.
La cama, un colchón precario, vestido con un manojo de frazadas viejas, yacía desordenada. El calor se escapaba por todos los flancos y la contractura era inminente. Mi compadre me guió con un gesto hacia un cacharro con mate cocido. Tomé un trago sin degustar el líquido y salimos. Mientras nos abríamos paso, la construcción seguía su ritmo histérico. En nuestro recorrido atravesamos escaleras, pasillos, ochavas, umbrales y angostas curvas. La distribución del lugar era esquizofrénica. Difícilmente podía encontrarse lógica alguna en la utilización de 4 escaleras para desandar los 6 metros que separaban el baño de la cocina.
Llegamos a un pulmón con un andén y 3 escaleras caracol ladeando una vía sin durmientes. Mi compadre se puso una corbata de vincha - Vamo a mover, buacho! Quedate piola. Una suerte de pre metro se detuvo frente a nosotros. Él subió. Me quedé piola y subí atrás de él. Una voz en off comenzó a relatar la sinopsis de una película sobre la vida de un loco querible, rebelde, apático y resuelto a ignorar las formas del protocolo y la etiqueta. Mi compañero, con la corbata de vincha, estaba parado enfrente de una flaca tetona que se apoyaba contra la puerta de la formación y le miraba fijamente y sin el menor disimulo el pronunciado escote. Ella parecía tomarlo como un halago y no hacía gran cosa por impedirlo.
El compadre me hizo un gesto sutil. Bajé de la formación en un pasillo circular. Las paredes estaban revestidas con terciopelo salmón y las luces cenitales generaban una atmósfera sofovich. Todo era medio rancio, medio erótico, medio garca. Contra una de las paredes, una barra de aluminio, sobre esta, un limón, detrás de esta, un mozo francés. Me acerqué y me acodé en la barra. El mozo se posó frente a mi, mediando entre nosotros una fría barra de aluminio. Me pidió que le pida algo. No le pedí nada. Se quedó mirándome un rato, sin gesto. De pronto pareció muy enojado y sin apartar los ojos de mi, le dio un tarascón al limón. Un militar corpulento se acercó a nosotros. Con desdén arrojó un trapo sucio en el rostro del mozo. Este, sin ensayar la menor protesta, se dispuso a fregar enérgicamente la barra, con una sonrisa nerviosa en el rostro.
El milico me miró a los ojos con sus ojos muertos y me dijo, con voz de gigante - Estos franceses son todos putos. Dejé en la barra 40 billetes de 10 pesos y me fui.
Había un recital en curso. La plaza, enorme, el escenario, aunque techado, precario. Sobre el techo, dos inmensos parlantes. Yo tenía miedo de que el techo colapsara y los parlantes se cayeran. Estaba parado en la plataforma de sonido, que constaba de una humilde mesita en medio del pasto, donde se alojaba una consolita de pie y un par de sillas. Terminó de tocar no sé qué banda super grossa y la multitud apretujada se dispersó levemente. Un reloj dio las 12 y a la mesa de sonido, micrófono en mano, subió Jairo para entonar el himno nacional. La multitud apretujada mermó raudamente. En medio de su interpretación, Jairo se agachó y corrigió el nivel de agudos en la consolita. El sonidista le dedicó una cara de orto tan categórica que la onda expansiva casi me tira de la mesa. Desde esa corrección, la lamentable interpretación del avejentado cantante tornó en insoportable.
Terminado el himno patrio, me di cuenta de que frente al escenario no había nadie y fuimos para allá con un amigo. Conseguimos sin esfuerzo un puesto en la primera fila, acodados en la valla. La valla en los recitales es generalmente de fierros y juntas. Esta era una madera balsa de indecible flexibilidad... casi como un trampolín. No me muevo de acá ni a patadas en la nuca, me dijó el gomía mío. Salió a escena una banda de mocosos. Eran como 14. Tenían un nombre de esos que son tres letras, modernos, BMX, HIV, JPP, alguna imbecilidad por el estilo. Tocaron dos acordes y se armó un poguito moderado. Un brazo me calzó abajo de la axila y me separó de la valla, haciéndome girar violentamente. Respondí a la agresión por impulso y, clavando los talones en la tierra, tiré mi cuerpo hacia atrás, enganchando mi otro brazo en el antebrazo del agresor. Lo hicé girar y él repitió su maniobra primera, haciéndome girar nuevamente. Yo arremetí y giramos otra vez.
El ciclo de tirón contra tirón se repetía estúpidamente. El tipo, en un momento, me dice Alto pogo, vieja! a lo que le contesto que Me parece que somos los únicos dos idiotas dando vueltas, mencho. Me soltó sin avisar y salí volando. Algo amortiguo mi vuelo y aterricé sobre mi codo, a algunos metros de ahí. Alcé la vista y vi una rubia flaca y tetona tomándose la cara. Aunque físicamente muy mejorada, era Zulma Lobato, amigos, no cabían dudas y al parecer me había amortiguado el vuelo con la trucha, provocando el arrancamiento de sus cuatro teclas frontales. Parecía bastante ofuscado el viejo bufarrón y se me vino encima al grito de Ahora, mínimo, me ensartás. Bizarra sensación, el forcejeo con un travieso viejo, de enjundioso y potente grip, en medio de un recital de una banda de ska punk. Bizarra sensación, ver al mismísimo Zulmo lobato (Zulma sin peluca) observando embelesado el forcejeo que su alter ego mantenía con un servidor. Zulma, mirá quién está ahí! - grité, dando sendos pasos atrás. El Zulmo y la Zulma se perdieron en los ojos del otro. Él, con amor, ella con la lascivia de un grillo hembra. Iniciaron una espástica carrera hacia el otro y se encontraron en medio del parque. Los besos de lengua más horripilantes que pueda imaginarse una mente enferma son un bizcochuelo de chocolate al lado de la aberración de la que fui testigo. La Zulma y el Zulmo, en nauseabunda comunión de semén y hormona de laboratorio, se besaban en el pasto. De pronto, los ojos de Zulma se inyectaron de tensión. Oscuro salvajismo emanaba de sus cuencos y con una macabra sonrisa hincó los colmillos en la frente de su masculino. El Zulmo, en shock violento, paralizado por el miedo, no ofreció resistencia y aceptó su fatal destino con resignación. Zulma, horrorosamente parecida a gollum, se entregó a una orgía de tripas y franela desgarbada, dando fin a su contralor masculino y recibiéndose de mamita canibal. Y así, samigos, es como nacen los travestis.
5 de mayo de 2011
Las bolas, Karl... me las rompes.
Si te dicen luli, loli, luchi, loló, lulú, lula, vico, mica o candu, me rompés las bolas.
Si tenés un blackberry, me rompés las bolas.
Si perdés el blackberry y te querés morir mal, boló, me rompés las bolas.
Si sos una bicisenda en el microcentro porteño, me rompés las bolas.
Si aprecias el programa de bicicletización de macri, me rompés las bolas.*
Si tirás papelitos en las alcantarillas, me rompés las bolas.
Si tenés un caniche, me rompes las bolas.
Si plantaste un pinito en el congreso, me rompés las bolas.
Si sos Niembro, por el amor de dios, me rompés las bolas!
Si dos vasos de vino te alcanzan como excusa para ser un pelotudo, me rompés las bolas.
Si sos de Velez me hacés cagar de risa el ojete y al ratito me rompés las bolas.
Si votás a macri, me rompés las bolas.
Si te gusta el fútbol alemán, me rompés las bolas.
Si te parecen tiernos los gordos de cuestión de peso, me rompés las bolas.
Si bancás el formato de reality que te arregla la casa, te regala una cirujía plástica o te hace meter la jeta en un balde con tarantulas para ganarte un pasaje a disney, me rompés las bolas.
Si no entendés que en el contexto se hace necesaria la defensa de algunas cosas que, en circunstancias normales, no son defendibles, me rompés las bolas.
Si no extrañás el nussini, me rompés las bolas.
Si no sabés lo que es el nussini, me rompés las bolas.
Si tenés menos de 18 años me rompés las bolas.
Si no sabés manejarte cerca de alguien que sufre de migraña, me rompés las bolas.
Si sos un logaritmo, me rompés las bolas.
Si no entendiste memento, me rompés las bolas.
Si te gusta matrix, me rompés las bolas.
Si lo bancás a muerte al putito de messi y ves los partidos del barza y terminás diciendo "cuándo vamos a tener un fútbol así nosotros!?" sos un monigote, me podés chupar bien la japi y me rompés mucho, pero mucho las bolas.
Si te ofende que un colectivo con 70 personas adentro no te ceda el paso en una esquina, me rompés las bolas.
Si sos de los pelotudos que viven diciendo que esto es el tercer mundo y que allá, en europa, es otra cosa, son países serios, las cosas se hacen bien, sarasa sarasa sarasa, dejate de romper las pelotas, cerrá el orto, hacete un bolsito y andate a vivir a bulgaría, la concha bien de tu mamá, oligofrénico del pete! Ah, sí, me rompés las bolas.
Si pensás que los viejos de mierda, por viejos merecen respeto, me rompés las bolas.
Si pensás que los pelotudos muertos, por muertos merecen respeto, me rompés las bolas.
Si sos fantino, me rompés las bolas.
continuará...
por ahora, me hinché las bolas

Estehmmm
nada para agregar...
4 de mayo de 2011
De la ridiculez de creerse único en el mundo
Te llamo para pedirte una milanga con fritas y me pedís mi nombre, mi teléfono, mi calle, mi numero, mi piso, mi código postal, mi número de dni, mi estado civil, mi factor sanguíneo, mi orientación sexual, mi opinión sobre christian u, mi orientación política, qué huevo me cuelga más bajo, cuándo fue la última vez que la puse y cómo le dejé el tajo a la vieja después de usárselo de ruta hacia la vida, digamos. Está todo bien, hay que preguntar, pregunten. Ahora, te anotás todo eso y no te anotás que el sámbuche te lo pedí SIN bayonesa, la re concha bien de tu mamá!? Son una manga de hijos de re mil trabajadoras de la noche, son!
Pero eso no es lo que motiva el descargo del día de fecha que hoy, siendo el día de la fecha, estamos descargando. Los tipos te piden toda la data toda, haciendo evidente el hecho de que uno, en realidad, es un numerito más entre los miles y miles de numeritos que diariamente mitigan el picor bagrital que los acosa por medio del llamado en pos de la susodicha milanga. Ahora, mencho, después de toda esa requisitoria identificacional me venís, me tocás el timbre y me decís que sos "el pedido" así nomás, a secas, como si fueras el único pelotudo en moto que lleva cosas que le han pedido adonde le han pedido que la lleven!? Yo soy uno de miles y vos sos el único maestro que lleva pedidos? Sos el one an only milanga maker? No! ¿¡De dónde carajo venís, quién te manda, qué traes, de qué cuadro sos, en qué condiciones se encuentra la renegrida concha de tu puta vieja!? Es un toma y daca esto, samigos! Hagamosnón cargo, hagámosnon! Y la próxima vez que me embadurnes la mila con bayonesa te la voy a hacer comer por el orto, hijo de dio!
3 de mayo de 2011
Rechina el comedor!
Debería ser ilegal andar por la calle con la cara de tuje de Graciela Fernandez Meijide (que, entre parintises, se hizo tajear los saquitos de té que le ojereaban los ojos, valga la remdundicia, no?), decir las pelotudeces evangélicas impresentables que vocifera la come caca de Lilita, arrogarse seriedad con la dicción de Bonelli o hacerse la sexy felina siendo un mamarracho de proporciones bíblicas como viene siendo la Silvita Suller. Digo, no sé, fijensé. Todo eso es negociable. Ahora, si somos prácticos, debería ser ilegal que un colectivo ande por la vía pública con los frenos en estado de putrefacción. Amén del peligro que representa un 15 sin frenos pululando por los caminos, cada vez que toca un semáforo en rojo los frenos emiten un sonido que evoca la tortura de un lobo marino adulto. Es decir, vibra todo el móvil, y el pibe que maneja te lo frena despacito, cosa que el ruido te dure media cuadra y uno, que viene llegando tarde, te rechine las muelas con desprecio y te sueñe con desollarte al pendejo que te viene jugando al tamagochi con su blackberry underwater freshingpointer teletubber 5700. Seamo bueno entre nosotró, no? Amén de nacer, no hicieron nada estos purretes. Comprame una pastillita de freno, una botellita de líquido, lo que mierda haga falta y evitame el crimen violento, la culpa sin sentido, el remordimiento persecutorio, los 15 años en olmos, en fin. Te parece? Dale mencho. Nada más.
Como si uno tuviera algo que hacer, no?
El mal escribimiento era intencional,
Porque soy así, re lo qui to
Y te escribo como se me canta la rala del oleo
1 de mayo de 2011
Así está bien
Los auténticos decadentes / me lastimo (una francesita)*
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